Llevo más de media vida entre herramientas, aceite usado y motores que otros darían por muertos. He creado este rincón porque estoy harto de la corrección política y de que nos quieran convencer de que nuestros coches son chatarra.

Para mí, la mecánica es libertad. No quiero un coche que me diga cómo conducir o que se bloquee por un fallo de software. Quiero el hierro que entiendo, el que puedo arreglar en mi garaje y el que me transmite algo cuando piso el acelerador. Aquí no vas a encontrar postureo ni catálogos de concesionario, vas a encontrar la realidad de lo que significa mantener vivo un vehículo durante tres décadas.
Si tú también eres de los que prefiere tener las manos sucias de grasa antes que pagar una suscripción por el aire acondicionado, este es tu sitio. Bienvenidos a mi garaje.

Pingback: La hipocresía de odiar los combustibles fósiles