Glickenhaus

Scuderia Cameron Glickenhaus: El Último Privateer de Le Mans


De Hollywood a Sleepy Hollow: quién es Jim Glickenhaus

Antes de poner un coche en la parrilla de Le Mans, Jim Glickenhaus ya había puesto a Jackie Chan delante de una cámara. Nacido en Nueva York el 24 de julio de 1950, criado en New Rochelle, Glickenhaus fue director, guionista y productor de cine de acción durante los 80 y 90. The Exterminator (1980) fue su éxito comercial. The Protector (1985) fue su choque con Jackie Chan — Glickenhaus montó su versión, Chan montó otra para Asia, y ninguno de los dos quiso ceder. Cuando las majors de Hollywood absorbieron el mercado independiente, cerró el chiringuito del cine y se fue a lo que de verdad le quitaba el sueño: los coches.

No era un recién llegado. Con 12 años, Jim ya pasaba las tardes en Luigi Chinetti Motors, el legendario concesionario Ferrari de Nueva York. Chinetti le regaló una chaqueta de competición un día de lluvia. Esa chaqueta sigue colgada hoy en su oficina, dentro de un antiguo almacén de bebidas en una calle residencial de Sleepy Hollow, Nueva York. El mismo almacén que alberga una de las colecciones privadas de coches de competición más importantes del mundo — Ferraris de carreras de los 60, un Ford GT Mark IV de Le Mans, piezas que han ganado Daytona y Spa.

Glickenhaus no colecciona coches para mirarlos. Los conduce. Y cuando dejó de encontrar coches que le satisficieran, decidió construirlos.

La P4/5: donde todo empezó

En 2005, Pininfarina le propuso construir un one-off sobre la base de un Ferrari Enzo. El resultado fue la Ferrari P4/5 by Pininfarina. Costó 4 millones de dólares. Luca di Montezemolo, presidente de Ferrari, apareció en helicóptero cuando se enteró. No estaba contento. Pero Andrea Pininfarina le recordó que el coachbuilding era tradición, y Glickenhaus dejó claro que no le importaba si llevaba el escudo del Cavallino o no.

Jim quería competir con la P4/5 en Le Mans. La ACO le dijo que no: era un one-off, no encajaba en ninguna clase. Entonces llamó al Nürburgring. Peter Geisheker, el promotor de las 24 Horas de Nürburgring, dijo que sí. Más tarde confesó que pensaba que las probabilidades de que Glickenhaus apareciera eran cero.

Apareció. Y con él nació Scuderia Cameron Glickenhaus — el nombre combina el apellido de su mujer, Meg Cameron, con el suyo. En 2011, la P4/5 Competizione debutó en las 24 Horas de Nürburgring. Cuando Ferrari se quejó de que usara sus componentes, Jim arrancó los Cavallinos del coche, dibujó un escudo SCG con un rotulador sobre cinta adhesiva, y volvió a la pista.

SCG 003: el primer coche propio

En 2013 arrancó el proyecto SCG 003: diseñado por Granstudio con Lowie Vermeersch a la cabeza, ingeniería de Paolo Garella (ex-Pininfarina), chasis fabricado por Manifattura Automobili Torino en Rivalta di Torino. Se presentó en Ginebra en 2015. La versión de competición montaba un V6 3.5 biturbo de Honda preparado para las 500 CV de reglamento FIA. La de calle, un V8 4.4 biturbo de BMW. Precios desde 2,1 millones de euros. En 2017, la NHTSA aprobó a SCG como Low Volume Manufacturer — hasta 325 coches al año sin cumplir estándares federales de crash test.

Ese mismo año, Jeff Westphal marcó un 6:33.20 en los 20,8 km de la Nordschleife con el 003C. En clasificación de las 24 Horas de Nürburgring, no en una sesión privada con la pista preparada.

El sueño de Le Mans: SCG 007 LMH

Cuando la FIA y la ACO anunciaron las nuevas regulaciones Le Mans Hypercar en 2018 — diseñadas para reemplazar el descomunal LMP1 híbrido y reducir las barreras de entrada — Glickenhaus fue el primero en comprometerse. Antes que Toyota, antes que Peugeot, antes que nadie.

La respuesta inicial del establishment fue reveladora. Jim llamó a la FIA para asistir a la primera reunión de definición del reglamento. La respuesta: «No se le permitirá entrar en el edificio. Tenemos a McLaren y Aston Martin. Ya le diremos si le necesitamos.» Glickenhaus escribió una carta desde el Nürburgring: «No estoy jugando. Estoy construyendo un coche. O me tratan con respeto o me voy.» La FIA rectificó.

El SCG 007 LMH fue desarrollado por Podium Advanced Technologies en Italia, con aerodinámica de Sauber Motorsport y soporte logístico de Joest Racing — el mismo Joest que ganó Le Mans en 1984, 1985 y 1997, el último privateer genuino en ganar la carrera. El motor era un V8 3.5 litros biturbo de Pipo Moteurs, construido sobre la base de sus motores del WRC.

Pero el camino al debut estuvo lleno de trampas reglamentarias. Los cambios de especificaciones obligaron a SCG a abandonar su acuerdo con Alfa Romeo (su motor no alcanzaba los 870 CV en configuración de resistencia), buscar alternativa en Pipo Moteurs, y después adaptarse cuando la potencia se redujo a 670 CV. Cada cambio de reglamento costaba millones a un equipo que los financiaba un solo hombre.

Las cifras del WEC (2021-2023)

DatoCifra
Debut8 Horas de Portimão, 2021
Temporadas3 (2021, 2022, 2023)
Carreras disputadas12
Poles2 (Spa 2022, Monza 2022)
Podios4
Mejor resultado Le Mans3º (2022) — primer podio americano en 53 años
Le Mans 20236º y 7º — por delante de Porsche y Peugeot
Salidas en Le Mans6 (3 ediciones × 2 coches)
Abandonos en Le Mans0

Seis salidas, seis llegadas. Ningún coche terminó peor que séptimo en la general. El podio de 2022 con Westbrook, Briscoe y Mailleux fue el primero para un equipo americano en la clasificación general desde que el Ford GT40 ganó en 1969. En Monza 2022, Glickenhaus partió desde la pole y peleaba por la victoria cuando un fallo de turbo lo dejó fuera. Las apuestas del paddock antes del debut en 2021 daban a SCG dos horas de vida en pista.

La retirada: cuando el sistema expulsa a quien no puede controlar

En octubre de 2023, Jim Glickenhaus confirmó que SCG no inscribiría coches para la temporada 2024 del WEC. «Nos dijeron que construyéramos un coche según unas reglas y unas cifras de rendimiento, y eso hicimos. La idea era que tendríamos una oportunidad justa durante todo el periodo de vigencia de las reglas Hypercar. Pero no había un camino justo hacia el futuro.»

El problema era estructural. Cuando SCG entró, el presupuesto estimado del reglamento LMH era de 20 millones de euros. A medida que Porsche, Ferrari, BMW, Cadillac, Peugeot y Lamborghini fueron entrando, los costes se dispararon. Los grandes fabricantes gastaban 10 o 15 veces más que SCG. Acumulaban 100.000 kilómetros de test. Glickenhaus no había podido probar su coche desde Monza 2022. «Si no tienes dinero para probar, no puedes llevar tu coche donde debería estar. No hay nada que el BoP pueda arreglar mágicamente.»

Sin patrocinadores — y sin posibilidad de correr en IMSA para generar ingresos en suelo americano — la operación era insostenible. «Corro porque me encanta correr. Me lo puedo permitir. Lo hago personalmente. No es un negocio. Pero en algún momento mis accionistas van a decir ‘Jim, basta’.»

Dijo que no quería ser «carne de cañón» para Toyota y Ferrari.

Después del WEC: los coches de calle

SCG nunca fue solo un equipo de carreras. El objetivo siempre fue correr y después vender versiones de calle.

El SCG 004S lleva un V8 6.2 litros sobrealimentado de 650 CV con caja manual de 6 velocidades y asiento central — configuración de tres plazas, como el McLaren F1. Monocasco en fibra de carbono, construido por Roush Performance en Detroit. Entregas desde principios de 2025 a través de HK Motorcars, su único concesionario mundial. La versión 004CS añade difusor soplado, frenos mayores y air jacks integrados para track days.

El SCG 007s es la versión de calle del hypercar de Le Mans. Presentado en el Concorso d’Eleganza Villa d’Este en mayo de 2025. V8 6.2 litros biturbo de Katech con 1.000 CV, caja automatizada de 7 velocidades, tracción trasera, 1.550 kg. Tres plazas con asiento central. Aerodinámica prácticamente idéntica a la del coche de carreras. Producción limitada a 24 unidades a 2,3-2,5 millones de dólares. Glickenhaus afirmó que sería capaz de bajar de 6 minutos en Nordschleife con neumáticos de calle.

Y está el SCG Boot — todoterreno de altas prestaciones inspirado en el Baja Boot de 1967 de Steve McQueen, diseñado para la Baja 1000.

Un personaje necesario

Jim Glickenhaus es un multimillonario de Wall Street que arrancó insignias de Ferrari con sus propias manos. Un director de cine de serie B que construyó un hypercar que subió al podio de Le Mans. Un hombre que llama a las reglas de IMSA «ilegales» e «idiotas» en ruedas de prensa oficiales del WEC. Un coleccionista que dice que no conducir tu Ferrari es como no acostarte con tu novia para que sea más deseable para el siguiente.

No filtra lo que piensa. No juega al juego corporativo. Y eso le ha costado caro, pero también le ha dado algo que ningún fabricante del WEC puede comprar: la lealtad genuina de los aficionados al motorsport.

SCG no ganó Le Mans. Pero demostró que se puede llegar a Le Mans, terminar cada carrera, subir al podio, y batir a Porsche y Peugeot — con el presupuesto de un solo hombre y un equipo que cabía en una furgoneta. Eso no se borra del historial. Eso no lo iguala nadie con un comunicado de prensa.


🔴 MA-FIA VI: El caso IMSA — Cuando ser americano no es suficiente

Lo que sigue es un análisis complementario al artículo principal. Forma parte de la serie investigativa «La Mafia de la FIA» de Not Enough Cylinders, que documenta los fallos estructurales de la gobernanza del motorsport internacional.


El muro de los 2.500 coches

Para competir en la clase GTP de IMSA, un fabricante debe producir más de 2.500 vehículos al año para su venta global. Acura, BMW, Porsche, Cadillac — todos cumplen. Scuderia Cameron Glickenhaus, obviamente, no.

Jim Glickenhaus declaró que recibió garantías en el verano de 2020 de que su 007 LMH sería elegible para correr en IMSA. Fue, según él, una condición para entrar en el programa LMH. «Si hubiéramos sabido que no podríamos correr en IMSA, no habríamos seguido adelante.»

La ironía es triple:

SCG es una empresa americana, con sede en Sleepy Hollow (Nueva York) y producción en Danbury (Connecticut). IMSA, la organización que promueve el automovilismo deportivo en Norteamérica, bloqueó a un fabricante americano de correr en suelo americano.

La «convergencia» LMH/LMDh se vendió como la unificación del deporte. Un LMH podía correr en el WEC. Un LMDh podía correr en el WEC. Pero un LMH no podía correr en IMSA si su fabricante no producía 2.500 coches al año. La convergencia existía en el papel, no en la pista.

El daño económico fue directo. Sin acceso a IMSA, SCG no podía captar patrocinadores americanos. Sin patrocinadores americanos, no podía financiar su programa WEC. El bloqueo de IMSA no solo le cerró Daytona — le acortó la vida en Le Mans.

Glickenhaus lo resumió con precisión quirúrgica: «Los aficionados creerán en la convergencia cuando un LMDh gane Le Mans y un LMH gane las 24 Horas de Daytona. Hasta que eso ocurra, la convergencia no existe.» El presidente de IMSA, John Doonan, estuvo de acuerdo con el análisis. Y acto seguido le dijo que no podía correr en IMSA.

La pregunta que nadie responde

¿Es la norma de los 2.500 coches una barrera técnica legítima o una protección de mercado para los fabricantes que sí pueden cumplirla? Glickenhaus calificó la situación de potencialmente «ilegal» según las leyes antimonopolio de Estados Unidos y amenazó con acciones legales. La acción legal nunca llegó. El programa WEC se agotó primero.

Lo que queda es un precedente incómodo: el reglamento LMH fue diseñado para abrir la puerta a los constructores boutique. IMSA la cerró con un requisito que solo los gigantes de la industria pueden cumplir. Las reglas no son neutrales. Las escriben quienes tienen el poder de aplicarlas, y las aplican en función de quién se beneficia.


Comprueba que sigues vivo.

1 comentario en “Glickenhaus”

  1. Pingback: MA-FIA VI: Cuando Ser Americano No Es Suficiente — IMSA vs Glickenhaus

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