IPADS CON RUEDAS

No Son Coches. Son iPads con Ruedas.

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No somos mayoría, pero tampoco somos pocos, y no es lo mismo.

Hay gente que ve un coche y ve un medio de transporte. Cuatro ruedas, un volante, algo que te lleva del punto A al punto B. Y está bien. No todos tienen que sentir lo que sentimos nosotros.

Porque lo que nosotros sentimos no se explica con fichas técnicas. Es algo visceral. Algo que te agarra por dentro cuando giras la llave — o cuando simplemente bajas al garaje y lo miras. Quieto. Tuyo. Esperándote.

La enfermedad que no queremos curar

Llámalo pasión, llámalo obsesión, llámalo enfermedad. Me da igual la etiqueta. Lo que sé es que cada acelerón es un chute de vida. Que hay días en que el mundo te ahoga — el trabajo, las facturas, el ruido constante de una vida que no para — y lo único que necesitas es sentarte ahí dentro, cerrar la puerta y conducir, o simplemente arrancar el motor y escucharlo un momento.

Eso es terapia. Eso es libertad. Eso es lo que un coche con alma te da.

Pero aquí viene el problema.

La muerte silenciosa del automóvil con personalidad

Miro el mercado actual y me pregunto: ¿dónde están los coches con carácter?

Porque lo que veo es un cementerio de personalidad. Tenemos iPads con ruedas. Unos funcionan a pilas, otros a combustión, pero el resultado es el mismo: pantallas gigantes, botones que desaparecen, y una experiencia de conducción que podría ser la de cualquier marca, cualquier modelo, cualquier continente.

Y no es una opinión. Es un hecho industrial que llevo viendo más de 30 años:

Plataformas compartidas. El mismo chasis, la misma arquitectura, la misma base para coches que supuestamente compiten entre sí. Cambias el escudo de la parrilla y ya tienes «un coche diferente.» ¿En serio? Un Škoda Octavia, un SEAT León, un VW Golf y un Audi A3 comparten plataforma MQB. Antes cada uno tenía su ingeniería, su carácter, su razón de existir. Ahora son variaciones de un tema.

Motores prestados. Marcas que ya no desarrollan sus propios motores. Que mezclan mecánicas con la competencia y lo venden como innovación. ¿Cuándo se perdió el orgullo de tener un motor propio? Cuando los departamentos de marketing mandaron más que los de ingeniería.

Normativas que asfixian. Euro 7, límites de emisiones, regulaciones de ruido. Entiendo la necesidad de avanzar, pero el resultado es que cada nueva normativa mata un poco más la diversidad mecánica. Todos los motores acaban sonando igual, rindiendo igual, sintiéndose igual. La homologación se ha convertido en homogeneización.

Diseños clonados. Ponme diez SUV de gama media de diferentes marcas y quítales los logotipos. Apuesto a que no identificas ni la mitad. Líneas seguras, diseños por algoritmo, aprobados por comité. Cero riesgo. Cero personalidad.

Por eso buscamos clásicos

coches clásicos con personalidad

Y entonces nos vamos al pasado, y no por nostalgia vacía, ni porque «todo tiempo pasado fue mejor». Nos vamos al pasado porque ahí es donde encontramos lo que ya no existe, los coches diseñados por ingenieros que amaban lo que hacían. Coches con defectos, sí. Coches que se rompían, también. Pero coches con ALMA.

Un Lancia Delta Integrale no era perfecto. Pero cuando lo conducías, SABÍAS que estabas dentro de algo especial. Un BMW E30 tenía un interior que hoy parecería espartano. Pero esa dirección, ese equilibrio… eso no lo encuentras en ningún BMW actual con su pantalla curved de 31 pulgadas.

Un Volkswagen Corrado con su VR6 era un sonido, una vibración, una declaración de intenciones. No necesitaba 47 modos de conducción seleccionables por pantalla táctil. Necesitaba una carretera y un conductor que lo respetara.

Los fabricantes perdieron los cojones

Digo lo que muchos piensan y pocos dicen en público: los fabricantes de coches se han acobardado. Han dejado que los departamentos legales, los comités de seguridad, los analistas de mercado y los reguladores les digan qué pueden y qué no pueden construir. Y el resultado es que ya no construyen coches. Construyen productos de consumo con ruedas.

¿Dónde está el próximo Mazda RX-7? ¿El próximo Renault 5 Turbo? ¿El próximo Alfa Romeo 155 V6 TI? No van a existir. Porque nadie en una sala de juntas va a aprobar algo así. Es demasiado arriesgado, demasiado nicho, demasiado pasional.

Y esa es exactamente la palabra que falta en la industria del automóvil: pasión.

Somos minoría. Pero no somos pocos.

Los que sentimos los coches de esta manera existimos. Somos mecánicos, ingenieros, entusiastas, coleccionistas, conductores de domingo y pilotos de circuito. Somos los que restauramos lo que otros abandonan. Los que mantenemos viva una forma de entender el automóvil que la industria quiere enterrar.

Y no vamos a desaparecer!!!!

Porque mientras exista un garaje con un clásico dentro, mientras alguien arranque un motor y sienta que el mundo se para un segundo, mientras haya una carretera de curvas esperando a alguien que la disfrute de verdad — esto no muere.

La industria puede fabricar todos los iPads con ruedas que quiera, que nosotros seguiremos buscando coches con alma.


¿Sientes lo mismo o crees que exagero? Me interesa tu opinión — especialmente si no estás de acuerdo.

1 comentario en “IPADS CON RUEDAS”

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