Pikes Peak: La Carrera a las Nubes que Devora Coches y Escupe Leyendas
SERIE: Los Monstruos de Pikes Peak — Episodio 1: La Montaña

La montaña que nadie debería poder subir… y que todos quieren conquistar
En noviembre de 1806, el teniente Zebulon Montgomery Pike miró hacia arriba y dijo algo que la historia no ha podido olvidar: esa cumbre jamás sería escalada por el hombre. Casi 220 años después, los hombres no solo la suben, sino que lo hacen a más de 200 km/h, con coches que generan más carga aerodinámica que un Fórmula 1, en una carretera de montaña sin barreras de protección y con el precipicio a centímetros del asfalto.
Bienvenidos a Pikes Peak. Bienvenidos a la «Race to the Clouds».
Esta es la primera entrega de una serie que en Not Enough Cylinders vamos a dedicar a los monstruos que se atreven con esta montaña. Hoy presentamos el escenario. Las próximas semanas, presentaremos a las bestias.
¿Qué es exactamente Pikes Peak?
El Pikes Peak International Hill Climb (PPIHC), conocido popularmente como «Race to the Clouds» o «La Carrera a las Nubes», es una contrarreloj automovilística que se celebra cada año en verano en Cascade, Colorado, cerca de Colorado Springs, en las Montañas Rocosas de Estados Unidos.
Los datos técnicos del circuito son brutales:
- Longitud: 19,99 kilómetros (12,42 millas)
- Curvas: 156 en total, sin guardarraíles en la mayor parte del recorrido
- Altitud de salida: 2.862 metros sobre el nivel del mar (9.390 pies)
- Altitud de llegada: 4.302 metros (14.115 pies) en la cima de la montaña
- Desnivel total: 1.440 metros en subida continua
- Pendiente media: 7,2%
- Pérdida de potencia estimada en motores de combustión: hasta un 30% por la diferencia de presión de aire
No hay vuelta. No hay segunda oportunidad. Sales desde abajo y subes hasta la cumbre. Solo. Contra el cronómetro. Con la montaña decidiendo si ese día te deja llegar o no. Porque en Pikes Peak hay un dicho que resume perfectamente la filosofía de la carrera: «The Mountain Decides» (La Montaña Decide).
La segunda carrera más antigua de América
La primera edición del Pikes Peak International Hill Climb se celebró en 1916, convirtiéndola en la segunda competición de motor más antigua de Estados Unidos, solo superada por las 500 Millas de Indianápolis. Fue fundada por Spencer Penrose, empresario y filántropo de Colorado Springs que en 1915 transformó el estrecho camino de carruajes que cruzaba la montaña en una carretera transitable. Su objetivo era promocionar Pikes Peak como destino turístico. Lo que nunca imaginó es que estaba creando un monstruo sagrado del automovilismo mundial.
El ganador de aquella primera edición fue Rea Lentz, que completó la subida en 20 minutos y 55 segundos al volante de un Romano Lemon Special, un coche casero construido por él mismo. Para poner eso en perspectiva: el récord absoluto actual está en 7 minutos y 57 segundos. En poco más de cien años, los tiempos se han reducido casi a la mitad.
La prueba tuvo que suspenderse con la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, reanudándose en 1920. Y desde entonces, salvo durante la Segunda Guerra Mundial, la carrera no ha parado. Más de cien ediciones. Más de cien batallas contra la misma montaña.
La pista: de grava a asfalto, y cómo cambió todo
Durante décadas, Pikes Peak fue una carrera en tierra. Una combinación de asfalto y grava que hacía la subida aún más impredecible, más peligrosa, más salvaje. Los coches levantaban nubes de polvo en las curvas del tramo central y los pilotos lidiaban con superficies cambiantes a lo largo de los 20 kilómetros.
Todo cambió en 2011, cuando la carretera fue completamente asfaltada. Desde esa fecha, todas las competiciones se disputan sobre asfalto de principio a fin. El resultado fue inmediato: los tiempos cayeron en picado. En 2012, por primera vez, un piloto bajó de los 10 minutos en la categoría reina. Lo que era territorio de leyendas se convirtió en territorio de ingeniería extrema.
La pista sigue siendo la misma montaña, con las mismas 156 curvas sin protección, con el mismo vacío al lado del asfalto. Pero ahora los coches pueden atacarla con toda su potencia desde el primer metro.
Los pilotos que han hecho historia: una guerra de apellidos
La historia de Pikes Peak es, en gran parte, la historia de unos pocos apellidos que se repiten una y otra vez en el palmarés.
Los Unser: la familia que devoró la montaña
Durante décadas, la familia Unser fue sinónimo de Pikes Peak. Louis Unser fue el primer gran nombre de la competición, acumulando 9 victorias antes de retirarse, lo que le valió el apodo de «King of the Mountain». Pero su sobrino, Bobby Unser, fue aún más lejos: 13 victorias en total, lo que le convirtió en el auténtico rey de la montaña, una cifra que sigue sin igualarse. Bobby ganó también en la categoría de monoplazas en 9 ocasiones durante el período en que Pikes Peak fue puntuable para el Campeonato Nacional de la AAA y el USAC (1946-1970).
La invasión europea de los 80: el Grupo B llega a la montaña
La prohibición de los coches Grupo B en el Mundial de Rallyes a mediados de los años 80 tuvo una consecuencia inesperada para Pikes Peak: las marcas que habían desarrollado esas máquinas extremas buscaron otro escenario donde usarlas. Y lo encontraron en Colorado.
En 1984 llegaron los primeros pilotos europeos. Michele Mouton con el Audi Sport Quattro fue la primera mujer en ganar la carrera, la primera participante no estadounidense en hacerlo, y en 1985 fue también la primera en completar la subida en menos de 12 minutos (11:25). En 1986 y 1987 fue Walter Röhrl quien se llevó la victoria para Audi. Y en 1988 llegó el momento que convertiría a Pikes Peak en leyenda mundial para siempre.
Ari Vatanen y el Peugeot 405 T16: «Climb Dance»
En 1988, el campeón mundial de rallyes finlandés Ari Vatanen subió Pikes Peak al volante de un Peugeot 405 T16 y destrozó el récord. Pero lo que realmente pasó a la historia no fue el tiempo, sino las imágenes. El director Jean-Louis Mourey rodó una película corta de aquella subida que tituló «Climb Dance». Las imágenes de Vatanen llevando el Peugeot al límite absoluto, con una mano en el volante y la otra tapándose los ojos del sol cegador que aparecía tras las crestas, se convirtieron en uno de los documentos audiovisuales más importantes de la historia del automovilismo. Si no lo has visto, para todo ahora mismo y búscalo.
Monster Tajima: nueve victorias y una era completa
El japonés Nobuhiro «Monster» Tajima es quizás el piloto más asociado a la era moderna de Pikes Peak. Ganó por primera vez en 1992 con un Suzuki Cultus de doble motor (400 CV por eje), y a partir de 2006 fue prácticamente imbatible durante seis ediciones consecutivas, hasta 2011. Un total de 9 victorias que le ponen al nivel de Louis Unser.
Sébastien Loeb y el Peugeot 208 T16: el 8:13 que calló al mundo
En 2013, el nueve veces campeón del mundo de rallyes llegó a Pikes Peak con un Peugeot 208 T16 Pikes Peak de 875 CV. El resultado fue histórico: 8 minutos y 13 segundos (8:13.878). Un tiempo tan estratosférico que se mantuvo prácticamente intocable durante cinco años, con una ventaja de casi 40 segundos sobre cualquier otro rival.
Romain Dumas y el VW ID.R: el primer sub-8
En 2018, la Volkswagen llegó a Pikes Peak con una misión concreta: bajar de los 8 minutos. La herramienta era el Volkswagen ID.R Pikes Peak, un prototipo 100% eléctrico con más de 500 CV y sin las limitaciones de los motores de combustión a altitud. El piloto era el francés Romain Dumas, ya bicampeón absoluto de la prueba (2014, 2016, 2017).
El resultado fue historia pura: 7 minutos y 57 segundos (7:57.148). Por primera vez en más de cien años de historia, alguien había bajado de los 8 minutos en Pikes Peak. Y además, en un coche eléctrico. La demostración del potencial de los vehículos eléctricos en competición no podía haber sido más contundente. En 2024, Dumas sumó su 5ª victoria absoluta, consolidándose como uno de los grandes de la historia de la prueba.
El efecto altitud: por qué Pikes Peak es diferente a todo lo demás
Aquí es donde la ingeniería se complica de verdad. Pikes Peak no es solo una montaña empinada con curvas peligrosas. Es un laboratorio aeronáutico en movimiento.
A 4.302 metros de altitud, la presión atmosférica es significativamente menor que a nivel del mar. Esto tiene consecuencias brutales para los motores de combustión interna: pueden perder hasta un 30% de su potencia porque hay menos oxígeno disponible para la combustión. Un motor que da 500 CV en el paddock puede llegar a la cima dando apenas 350.
Los equipos han desarrollado soluciones ingeniosas a lo largo de los años. Los turbocargadores son la respuesta más común: comprimen el aire de admisión para compensar la menor densidad. Los motores eléctricos, como demostró el VW ID.R, no tienen este problema porque no dependen de la combustión. Es por eso que los coches eléctricos han dominado los últimos récords absolutos.
Para los pilotos, el problema es también fisiológico. A esa altitud, el cerebro recibe menos oxígeno, lo que puede reducir las capacidades cognitivas hasta un 30%. Muchos equipos profesionales equipan a sus pilotos con sistemas de oxígeno en el habitáculo. Memorizar 156 curvas con el cerebro trabajando al 70% es un desafío que va más allá de la habilidad al volante.
Y luego está el clima. Pikes Peak se celebra en verano, pero «verano» en Colorado a 4.300 metros significa que puede nevar en cualquier momento. El clima cambia en minutos. Las sesiones de entrenamientos se realizan de madrugada, antes del amanecer, porque la carretera es pública y solo está disponible para la competición en horarios restringidos. Los pilotos aprenden el trazado con las luces del coche, en la oscuridad, con temperaturas que pueden caer por debajo de cero incluso en junio.
La carrera en la actualidad: coches, motos, camiones y todo lo demás
Lo que hace a Pikes Peak única en el panorama del motorsport mundial es su extraordinaria variedad de categorías. No es solo una carrera de coches deportivos. En la misma jornada compiten:
- Coches de categoría Unlimited (los prototipos más extremos del planeta)
- Open Wheel (monoplazas)
- Time Attack (coches preparados desde turismos)
- Pikes Peak Open (incluyendo los llamativos muscle cars americanos)
- GT4 Trophy (coches de competición de serie)
- Exhibition (categoría donde han competido los grandes prototipos eléctricos)
- Motocicletas en varias clases
- Quads y side-by-sides
La media de participantes anuales ronda los 130 pilotos procedentes de todo el mundo. Y el espíritu de la prueba sigue siendo el mismo que en 1916: hombre y máquina contra la montaña.
Por qué Pikes Peak importa más allá de la competición
Spencer Penrose no imaginaba lo que estaba creando cuando organizó la primera carrera en 1916. Pero Pikes Peak ha sido, durante más de un siglo, un banco de pruebas que ha impulsado el desarrollo tecnológico del automóvil de una manera que pocas pruebas en el mundo pueden igualar.
Las transmisiones automáticas, los sistemas de frenos mejorados, las suspensiones adaptativas, la tracción a las cuatro ruedas de alto rendimiento, y ahora los sistemas de propulsión eléctrica: todos han encontrado en Pikes Peak un laboratorio extremo donde probar sus límites reales. Las condiciones de la montaña, con sus cambios de altitud, temperatura, superficie y visibilidad, crean un escenario de prueba que ningún banco de ingeniería puede replicar.
Cuando Volkswagen batió el récord en 2018 con el ID.R, no estaba solo promocionando un coche de carreras. Estaba demostrando al mundo que la propulsión eléctrica podía ser competitiva en las condiciones más extremas del planeta. Ese mensaje valió mucho más que cualquier campaña publicitaria.
Lo que viene: los monstruos
Esta es solo la introducción. La montaña, el escenario, el contexto histórico. Ahora empieza la parte interesante.
En las próximas entregas de esta serie, vamos a meternos de lleno con los coches que han convertido Pikes Peak en lo que es hoy. Los Peugeot 405 T16 y 208 T16, el Volkswagen ID.R, el Tajima Monster Sport, los prototipos de Unlimited que bordean lo imposible. Cada uno de ellos merece un artículo propio. Cada uno de ellos es una historia de ingeniería llevada al límite.
Porque si hay algo que Pikes Peak nos enseña edición tras edición, es que la montaña no respeta reputaciones. Solo respeta preparación, coraje y velocidad.
La montaña decide. Pero los monstruos deciden atacarla de todas formas.
¿Ya has visto el Climb Dance de Vatanen? Si no, tienes deberes. Y vuelve a este blog para la próxima entrega de la serie.

Pingback: Peugeot 405 T16: El Monstruo de Pikes Peak y Climb Dance
Pingback: Suzuki Escudo Pikes Peak: El Monstruo que Nunca Ganó