Clarkson, uno de mis espejos

Jeremy Clarkson

Tengo una sala de espejos. No la veo, pero sé que está ahí. Es donde guardo a los que me enseñaron a mirar un coche.

El espejo grande, el primero, el que sostiene a todos los demás, es el de mi padre. Él me metió el coche en las venas. No me lo explicó. Me lo metió dentro, en un taller, con las manos llenas de grasa y un crío al lado que no entendía nada pero lo amaba ya sin saber por qué. Eso no se enseña con palabras. Se contagia. Y a mí me lo contagió él.

Pero hay otros espejos en esa sala. Más pequeños, sí. Pero espejos al fin y al cabo. Y uno de ellos es Jeremy Clarkson.

Esta semana le he visto decir que tiene cáncer. Y antes de pensar nada, antes de procesar la noticia, me ha salido esto: quiero contártelo ya. No esperar a ver qué pasa. No guardarme el reconocimiento para cuando sea tarde. Si tengo que decir lo que este tío significa para mí, lo digo hoy. Mientras pueda leerse.

Lo que mi padre no me enseñó

Mi padre me enseñó a amar el coche. Clarkson me enseñó otra cosa distinta, y por eso es un espejo aparte: me enseñó que el enfoque cambia la forma en que los demás lo ven.

Son dos cosas que no tienen nada que ver. Una es tener el fuego. La otra es saber pasarlo.

Yo tenía el fuego desde niño. Lo llevaba dentro, intacto, sin saber qué hacer con él. Sabía desmontar un motor antes de saber escribir bien. Sabía lo que era el olor a aceite caliente, el ruido de un atmosférico subiendo de vueltas, el tacto de una llave que muerde bien la tuerca. Todo eso lo tenía. Pero era mío y de nadie más. Vivía en mis manos.

Y entonces aparece un tío altísimo, desgarbado, hablando de coches en una tele inglesa, y hace algo que yo no sabía que se podía hacer: coge todo eso que yo sentía en el taller y lo cuenta. No lo explica como un manual. No te suelta datos de par motor y cifras de potencia como quien lee la ficha técnica. Te lo mete en el pecho. Te hace sentir el coche aunque no lo hayas tocado nunca.

Eso me rompió la cabeza. Porque era la prueba de que el coche se podía contar así. Desde las tripas. Con voz propia. Sin pedir permiso a nadie.

El que demostró que se podía

Antes de Clarkson, hablar de coches en serio era una cosa de fichas técnicas. Caballos, kilos, décimas, revoluciones. Datos. Y los datos están bien, los datos hay que verificarlos siempre, pero los datos solos no mueven a nadie. No te hacen amar nada.

Clarkson cogió Top Gear, que era un programa de motor más, casi al borde de la cancelación, y lo convirtió en otra cosa. No en un programa para entendidos. En un programa donde un tío que no sabía distinguir un cigüeñal de una biela acababa enganchado, riéndose, sintiendo algo por una máquina que ni entendía. Lo presentó desde finales de los ochenta, lo dejó, volvió en 2002 con el formato que lo cambió todo, y aguantó hasta 2015. Después montó The Grand Tour. Y por el camino se llevó a cientos de millones de personas a lugares donde antes solo entrábamos cuatro frikis con las uñas negras.

Eso no es periodismo de motor. Es traducción. Cogió un lenguaje que solo hablábamos los del taller y lo tradujo a un idioma que entendía todo el mundo. Sin rebajarlo. Sin convertirlo en algo tonto. Lo hizo grande haciéndolo accesible, que es lo más difícil que hay.

Y aquí está la parte que me jode reconocer, pero es verdad: yo, sin Clarkson, probablemente no escribiría como escribo. NEC no sería NEC. Porque NEC nace de una idea que él me confirmó antes de que yo supiera ponerla en palabras: que el coche no se cuenta con la cabeza, se cuenta con las tripas, y que si lo haces bien, el de enfrente lo siente aunque nunca haya pisado un taller.

Por qué es un espejo y no un ídolo

Un ídolo es alguien a quien quieres parecerte. Un espejo es otra cosa. Un espejo te devuelve algo tuyo que no sabías ver.

Yo no quiero ser Clarkson. No quiero su fama, ni su tele, ni su finca. No comparto la mitad de sus salidas de tono. Lo que él me dio no es un modelo a copiar. Es una confirmación. Cuando le vi contar coches así, lo que sentí no fue «quiero ser ese tío». Fue: «se puede. Mi forma de mirar el coche tiene sitio. No estoy loco».

Por eso es un espejo. Porque me devolvió algo que ya era mío —el fuego de mi padre— y me enseñó que se podía sacar fuera, ponerlo en palabras, dárselo a otros. Mi padre me dio el qué. Clarkson me enseñó el cómo. Uno me hizo amarlo. El otro me enseñó a contarlo.

Y los dos están en la misma sala. El de mi padre, enorme, sosteniéndolo todo. El de Clarkson, más pequeño, en una pared lateral. Pero los dos reflejan la misma cosa: la razón por la que hago lo que hago.

Lo que predicó antes de saberlo

Hay un detalle en todo esto que no es ironía, aunque lo parezca. Es coherencia.

Clarkson llevaba años empujando a los hombres a revisarse. Hablando de próstata, de chequeos, de no hacerse el duro con la salud. Hay gente viva por haberle escuchado. Hombres que se hicieron una revisión porque un tío de la tele les quitó el miedo o la vergüenza de ir al médico. Y ahora resulta que le ha tocado a él. Cáncer de próstata, agresivo, pillado pronto.

No es el destino riéndose. Es un tío que predicó con el ejemplo antes de saber que iba a necesitarlo él mismo. Avisó a otros, y cuando le tocó, lo contó igual de claro, en pantalla, sin esconderse. Coherente hasta el final con su forma de ser: de frente, sin medias tintas, sin hacerse la víctima.

El homenaje es hoy

No te voy a desear suerte como si esto fuera una carrera. No lo es. Es un señor de sesenta y seis años con una enfermedad seria, y lo que le pase no es asunto que yo pueda escribir.

Lo que sí puedo escribir es esto: GRACIAS.

Gracias por enseñarme que el coche se cuenta con las tripas. Gracias por demostrar que se podía hablar de motor desde el amor y no desde la ficha técnica. Gracias por ser, sin saberlo, uno de los espejos en los que me miro cada vez que me siento a escribir.

Mi padre me metió el coche en las venas. Tú me enseñaste a contarlo. Y eso, Jeremy, no se me olvida.

Lo digo hoy porque hoy es cuando se dice. Mañana no sé. Hoy sí.

2 comentarios en «Jeremy Clarkson»

  1. Muchas gracias de corazón por todas las publicaciones que haces , aquí tienes un seguidor más …. Pero con el de hoy has escrito un antes y un después, ya que has ejercido de voz popular ante una noticia tan nefasta como un cáncer en una persona con la que hemos crecido.
    Espero sigas con muchas publicaciones más.
    Un saludo

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