Lancia Fulvia HF Coupé: el coche que enseñó a Lancia a ganar mundiales


Lancia Fulvia HF

Hay coches que ganan campeonatos por la fuerza bruta. Tienen más caballos que sus rivales, más cilindrada, más kilos en la zona correcta. Llegan, atropellan, ganan. Esa es una forma de ganar.

Hay otra. Coches que ganan por exactamente lo contrario. Menos caballos, menos cilindrada, menos peso, menos todo. Coches que en el papel pierden todas las comparativas y en la realidad acaban subiéndose al podio porque sus rivales no entendieron una cosa que ellos sí: que la velocidad en una etapa de rally no la dan los caballos, la dan el peso, la agilidad y el piloto.

El Lancia Fulvia HF Coupé pertenece a la segunda categoría. Mil caballos no tenía, ni doscientos siquiera. En su versión más afilada, la Fanalone 1.6 HF, daba 115 caballos. Pesaba 920 kilos. Tenía tracción delantera — sí, delantera, en una era en la que casi nadie creía que un FWD pudiera ganar un rally serio. Y con eso, en enero de 1972, Sandro Munari y Mario Mannucci ganaron el Rally de Montecarlo después de una noche legendaria en el Col de Turini.

Pero más importante que la victoria concreta: ese mismo año, el Fulvia HF ganó el International Championship for Manufacturers, el precursor directo del WRC moderno. Primer mundial de marcas de Lancia. Sin ese mundial, no hay Stratos. Sin Stratos, no hay 037. Sin 037, no hay Delta S4. Sin S4, no hay Integrale.

Toda la dinastía rally de Lancia, que después ganaría diez títulos de marcas en el WRC, empezó aquí. Con un coupé pequeño de tracción delantera, motor V4 estrecho, novecientos veinte kilos y un piloto que se llamaba Sandro Munari.

Esta es la historia del coche que enseñó a Lancia a ganar mundiales.


El contexto: 1959, llega Pesenti, llega Fessia, cambia todo

Para entender por qué el Fulvia es como es hay que volver atrás un poco. En 1955, Gianni Lancia vende la mayoría de la empresa a Carlo Pesenti, industrial cementero de Italcementi. La compra es consecuencia directa de la sangría que el programa de Fórmula 1 con el D50 había hecho en las cuentas. Lancia, sin Gianni al mando, entra en una nueva etapa.

El nuevo director técnico que llega bajo Pesenti se llama Antonio Fessia. Catedrático del Politécnico de Turín. Ingeniero respetadísimo en Italia. Y, lo más importante para esta historia, un defensor casi religioso de la tracción delantera.

En los años 50, la tracción delantera era una excentricidad. Citroën la usaba en Francia desde los años 30. Saab y DKW en el norte. Pero la inmensa mayoría de los coches de producción del mundo seguía siendo de tracción trasera con motor delantero longitudinal. La tracción delantera se consideraba complicada de ingeniar, frágil mecánicamente, y limitada en potencia transmisible.

Fessia no estaba de acuerdo. Y desde su despacho en Lancia, en los años 60, impuso la tracción delantera como filosofía de marca para los nuevos modelos. Primero llegó el Flavia en 1961, ya con FWD. Y después, en 1963, el Fulvia.

El Fulvia: del Berlina al Coupé

El Lancia Fulvia se presenta en el Salón de Ginebra de 1963 como una berlina familiar de cuatro puertas. Tracción delantera, motor V4 estrecho montado longitudinalmente delante e inclinado 45 grados, frenos de disco en las cuatro ruedas. Coche correcto, técnicamente más avanzado que la competencia, pero comercialmente algo soso de fuera. Una berlina pequeña y caja para una marca premium.

El cambio real llega en 1965 con la versión Coupé. Diseñada por Piero Castagnero, que en Lancia se ocupaba del estilo. El Fulvia Coupé es lo opuesto a la berlina: 4.000 mm de largo, batalla de 2.330 mm (150 mm más corta que la berlina), líneas tensas y limpias, dos puertas, 2+2 plazas. Las restricciones técnicas que tenía Castagnero al diseñarlo eran inviolables: máximo 4 metros de largo, máximo 900 kilos de peso, asientos 2+2 para llevar familias pequeñas. Y el chasis y el motor de la berlina.

Lo que salió fue uno de los coupés más bonitos de los 60. Pequeño, proporcionado, con personalidad propia. Y, sobre todo, con potencial enorme para la competición.

1965: Lancia compra HF Squadra Corse

Ese mismo año pasa una cosa importante que casi nadie cuenta. Lancia compra HF Squadra Corse, un equipo de carreras privado fundado por aficionados Lancia. El nombre HF significa High Fidelity — un guiño deliberado al mundo del audio premium de la época. Y Lancia convierte ese equipo privado en su brazo oficial de competición.

Importa el detalle. Porque marca el final definitivo de la era Vincenzo. Recordemos: Vincenzo Lancia se negó durante 31 años a meter sus coches en competición oficial. Su hijo Gianni rompió la regla brevemente con Jano y el D50, pero luego Lancia se retiró tras vender el equipo F1 a Ferrari por una libra. Desde 1955 hasta 1965, Lancia oficialmente no compitió. Diez años.

En 1965, con Pesenti dueño de la empresa y Fessia como director técnico, esa regla finalmente se rompe del todo. Lancia compra HF Squadra Corse, crea Lancia Corse, y empieza a meter coches de fábrica en competición seria. El primer modelo elegido para esa nueva etapa es, lógicamente, el Fulvia Coupé.

El motor: el V4 estrecho de Fessia

El motor del Fulvia merece detenerse. No es un cuatro cilindros normal.

Es un V4 de ángulo estrecho. Cuatro cilindros distribuidos en dos bancadas separadas, pero con un ángulo entre bancadas muy pequeño — entre 10 y 23 grados según versión. Esa configuración permite tener un motor «en V» pero con dimensiones compactas similares a las de un motor en línea.

¿Por qué hacerlo así? Dos razones. Una, espacio: cabe en un compartimento muy pequeño, ideal para un coche compacto. Dos, suavidad mecánica: la disposición permite usar un único árbol de levas en el centro, accionando válvulas de las dos bancadas, lo que reduce piezas, peso y complejidad.

Esa idea — V de ángulo muy estrecho con culata única — la había patentado Lancia hacía décadas, desde el Lambda de 1922. Es ADN de la casa. Y, dato curioso, Volkswagen la copió y rebautizó en 1991 como VR6, presentándola como «innovación» para sus Golf y Passat. La VR de los Volkswagen es heredera directa, conceptual, del V4 estrecho del Fulvia.

Las versiones HF del motor escalaron en potencia:

  • Fulvia 1.2 HF (1966): 88 CV
  • Fulvia 1.3 HF (1967): 101 CV
  • Fulvia 1.6 HF «Fanalone» (1969): 115 CV en versión de calle, hasta 132 CV en versión competición de calle
  • Fulvia 1.6 HF Gr. 4 (rally): hasta 170 CV en las versiones más afinadas

El motor estaba inclinado 45 grados respecto a la vertical para reducir la altura del capó y mejorar la aerodinámica. Carburadores Weber dobles. Distribución por correa. Refrigeración por agua. Bloque y culata de aleación de aluminio, fiel a la filosofía Lancia desde la Aurelia.

La Fanalone: el coche de competición de calle

La versión que define al Fulvia HF como rally car es la 1.6 HF «Fanalone», lanzada en 1969. El apodo Fanalone significa «faro grande» en italiano y se refiere a las ópticas delanteras más anchas y prominentes que diferencian visualmente a esta variante.

Datos del Fanalone:

  • Motor V4 estrecho 1.584 cc
  • 115 CV a 6.200 rpm en versión de calle
  • 155 Nm de par a 5.000 rpm
  • Caja manual de cinco velocidades
  • Peso: 920 kg
  • Velocidad máxima: 185 km/h
  • Aceleración 0-100: alrededor de 10 segundos

El coche se vendió como producto de calle homologable para rally. Es decir, lo comprabas en el concesionario y, con muy pocas modificaciones reglamentarias, podías llevarlo a una etapa cronometrada. Eso es lo que define a un coche de rally clásico bien hecho: la versión de calle y la de competición son hermanas casi gemelas.

En las versiones Grupo 4 preparadas por Lancia Corse, el motor se afinó hasta los 170 CV. El coche pesaba todavía menos. Los frenos eran más grandes. Y el comportamiento dinámico, en manos de un piloto competente, era brutal.

Munari, Mannucci, Källström, Andersson

Los pilotos que llevaron al Fulvia a la cima eran de primera línea europea.

Sandro Munari es el nombre que se queda. Italiano de Cavarzere, en el Véneto. Empezó a correr en Lancia con el Fulvia y se convertiría después en la cara visible del Stratos. Estilo de pilotaje agresivo pero técnicamente impecable, especialmente bueno en tramos de asfalto y montaña. Su navegante habitual era Mario Mannucci.

Harry Källström, sueco. Estilo distinto, más conservador, más calculador. Ganó dos veces el Rallye RAC británico con el Fulvia, en 1969 y 1970.

Ove Andersson, también sueco. Después se haría famoso como fundador de Toyota Team Europe. Pero en sus años Lancia condujo el Fulvia con resultados consistentes.

El equipo combinaba estilos italianos y nórdicos, asfaltistas y especialistas en superficies sueltas. Esa mezcla es la que permitió al Fulvia ser competitiva en rallies de todo el calendario europeo, no solo en los italianos.

1972: el año del mundial

El año clave es 1972. El International Championship for Manufacturers — el precursor directo del WRC, que se crearía en 1973 — está organizado en una serie de rallies por toda Europa con sistema de puntuación por marcas.

El Fulvia HF Fanalone llega a 1972 ya con seis años de desarrollo encima. No es un coche nuevo. De hecho, en el papel, contra coches más modernos como el Porsche 911, el Datsun 240Z, el Saab 96, el Renault Alpine A110, debería tener problemas serios. Pero Lancia Corse tiene el coche pulido al milímetro, los pilotos están en su mejor momento y el reglamento favorece a coches ligeros.

El año arranca con el Rally de Montecarlo en enero. Es la primera prueba puntuable y, tradicionalmente, una de las que más prestigio dan. Munari y Mannucci salen con el coche 14 del equipo oficial Lancia.

Y entonces pasa la noche del Col de Turini.

El Col de Turini es un puerto de montaña sobre Niza, en los Alpes Marítimos franceses, que el Rally de Montecarlo cruza tradicionalmente de noche, en condiciones brutales — nieve, hielo, niebla, oscuridad total entre tramos. La organización lo programa así deliberadamente porque ahí se decide la carrera.

En la edición de 1972, Munari y Mannucci hicieron una pasada por el Col de Turini que entró directamente en la historia del rally. Subieron la montaña con el Fulvia HF al límite, en condiciones imposibles, marcando tiempos que sus rivales no podían igualar. Lo describen los crónicas de la época como una mezcla de pilotaje quirúrgico y agresividad italiana clásica. Munari pasó tramos sobre el hielo manteniendo el coche en cuarta cuando otros bajaban a segunda.

Ganaron el Rally de Montecarlo. Lancia ganó su primera prueba puntuable del año.

Y luego siguieron ganando. Asfaltos, gravas, mixtos. Con el Fulvia HF acumulando puntos prueba tras prueba, mientras el resto del paddock se daba cuenta de que aquel coupé pequeño y aparentemente desfasado era capaz de batirles en cualquier superficie.

A final de temporada 1972, el balance es claro: Lancia gana el International Championship for Manufacturers. Primer mundial de marcas de la historia de Lancia. La marca que durante 31 años no quiso competir oficialmente acaba de ganar el campeonato más importante del rally europeo. Setenta años después de la fundación.

El Fulvia Coupé Monte-Carlo: el tributo

Apenas un mes después de la victoria de Munari en Montecarlo, Lancia presenta en el Salón de Ginebra una versión especial del Fulvia para celebrarlo. La llaman Fulvia Coupé Monte-Carlo. Lleva librea inspirada en la HF 1.6 Fanalone de competición. Es una edición limitada destinada al mercado de calle, que aprovecha el éxito deportivo para vender unas unidades extra de un coche que ya tenía siete años en su historial.

Esa estrategia — sacar versión «celebrativa» de carretera tras una victoria importante — Lancia la repetiría después varias veces con el Stratos, con el Delta Integrale y con todos sus coches deportivos. La empezó con el Fulvia.

Por qué importa: el predecesor del Stratos

Aquí está la clave histórica del Fulvia HF. Es el coche que demuestra que Lancia puede ganar mundiales.

Antes de 1972, Lancia tenía 66 años de existencia y cero mundiales de marcas. Cero. La Aurelia había hecho cosas espectaculares en Mille Miglia y Le Mans en los 50, pero nunca un campeonato completo. El D50 ganó el mundial de F1 de 1956 pero rebadgeado como Ferrari, no como Lancia. Los Fulvia Coupé HF empezaron a llamar la atención desde 1965 con victorias en pruebas individuales, pero el mundial completo nunca había llegado.

Ese mundial de 1972 cambia todo. Internamente, dentro de la empresa, demuestra que el programa de Lancia Corse — el departamento de competición creado en 1965 — funciona y puede dar retornos comerciales y de imagen. Externamente, frente al resto de la industria, posiciona a Lancia como marca capaz de ganar el rally moderno.

Y ese mundial es lo que da luz verde, dentro de Lancia, al proyecto siguiente. Un coche pensado desde el primer tornillo para rally, no una berlina adaptada. Un coche con motor central, no delantero. Un coche con V6 Ferrari Dino, no con V4 estrecho. Un coche que cambiará el paradigma entero del WRC en 1974: el Lancia Stratos HF.

Sin el éxito del Fulvia en 1972, Lancia Corse nunca habría tenido el presupuesto, ni la legitimidad interna, ni el respaldo del consejo de Fiat (que para entonces ya era el dueño) para aprobar un coche tan radical como el Stratos. El Fulvia HF es literalmente el coche que hace posible al Stratos. Y el Stratos es el coche que hace posibles al 037, al S4 y al Integrale.

Por eso, cuando se cuenta la dinastía rallista de Lancia, hay que empezar siempre por el Fulvia. No por el Stratos. El Fulvia es la pieza cero. El fundamento.

El «Fanalone» hoy

Un Fulvia HF Fanalone en buen estado se vende hoy entre 60.000 y 120.000 euros, según condición e historial. Los ejemplares con documentación de competición — los que corrieron rallies europeos en su día — pueden llegar a 200.000 o más. No es coleccionismo de primera línea como los Stratos o los Integrale Evoluzione, pero está claramente en el segundo escalón del coleccionismo Lancia. Y, lo más importante, las cifras suben todos los años porque el mercado ha empezado a entender lo que es este coche.

Quien tiene un Fulvia HF en garaje hoy tiene el ancestro directo de la dinastía. La pieza con la que Lancia aprendió a ganar. Eso vale algo.


Mira una foto de Munari en el Col de Turini de 1972, con el Fulvia HF rojo Marlboro derrapando sobre el hielo a las cuatro de la madrugada, los faros Fanalone iluminando una pared de nieve, y entenderás por qué este coche importa.

No tenía los caballos. No tenía la cilindrada. No tenía la tracción que la lógica industrial decía que necesitaba un coche de rally. No tenía nada de lo que los rivales tenían.

Tenía lo único que no se compra: una idea clara de cómo se gana un rally. Ligero, ágil, equilibrado, en manos de un piloto que entiende lo que tiene debajo. El Fulvia HF inauguró una filosofía que Lancia mantuvo durante veinte años. Y ganó con ella diez mundiales.

El primero, este. En enero de 1972, en una noche helada del sur de Francia, con un italiano del Véneto al volante.

Comprueba que sigues vivo.

Deja un comentario