El Ferrari que Ferrari no construyó: la historia incómoda del 333 SP

Doran-Moretti Ferrari 333 SP in MOMO livery winning the 1998 Daytona 24 Hours

Tienes que entender una cosa antes de seguir leyendo.

Cuando Ferrari volvió a los sport prototipos en 1994 después de veinte años de silencio, el coche que les devolvió la dignidad no salió de Maranello. Salió de Varano de’ Melegari, de un cobertizo industrial en las afueras de Parma donde un tal Giampaolo Dallara llevaba años construyendo monoplazas de Fórmula 3 que humillaban al resto del paddock.

El chasis lo hizo Dallara. La aerodinámica, Dallara. La suspensión, Dallara. Más tarde, cuando se necesitaron más unidades, las hizo Michelotto en Padua. De los cuarenta chasis que existieron, solo los cuatro primeros se construyeron en Maranello. El resto, repartido entre Dallara (once unidades) y Michelotto (veintiséis), nació fuera del Cavallino.

Y aun así, todo el mundo lo llama Ferrari.

Y tienen razón. Porque el corazón sí era de Maranello, y porque el corazón de un Ferrari es lo único que de verdad importa.

Veinte años fuera del mapa

El último prototipo serio de Ferrari había sido el 312 PB, con el que ganaron el Mundial de Sport en 1972. En 1973 se retiraron de la categoría para volcarse en la Fórmula 1.

Veinte años. Veinte años en los que Porsche se comió Le Mans con los 956 y los 962, en los que Sauber-Mercedes recuperó la corona de plata, en los que Jaguar resucitó, en los que la era Grupo C convirtió la resistencia en una arma blanca y Ferrari miraba desde la barrera. Cuando los reglamentos cambiaron a finales de los 80 y los GTP se fueron muriendo de éxito y costes desorbitados, IMSA preparaba un formato nuevo para 1994: el WSC. Spider. Fondo plano. Motor derivado de producción. Cuatro litros máximo. Equipos privados. La idea era resucitar el deporte después del entierro presupuestario del Grupo C.

Y aquí está el detalle que lo cambia todo. La parrilla del WSC en sus primeros años no era exactamente glamour. Los Spice con bloques Chevrolet pequeños. Los Kudzu con Ford o Buick. Los Riley & Scott Mk III que llegarían poco después con sus V8 americanos de gran cilindrada. Cacharros muy bien hechos, sin duda, pero cacharros con motores de calle envalentonados, soplados o atmosféricos según el equipo, evolucionados hasta donde la base de producción permitía estirar el reglamento. La categoría WSC se diseñó para abaratar costes, y la consecuencia natural fue una parrilla de prototipos con corazón de stock car.

Y entonces apareció Ferrari con un motor de Fórmula 1.

Maranello no movió un músculo. Tenían F1 que pelear, una crisis interna que digerir, y a Luca di Montezemolo recién llegado al mando con la cabeza puesta exclusivamente en sacar al equipo del agujero deportivo.

Si el 333 SP existe, no es porque Ferrari lo quisiera. Es porque un italiano cabezón con una empresa de volantes lo exigió.

El hombre del volante

Giampiero Moretti. Fundador de MOMO. Piloto amateur de pelo en pecho que llevaba décadas corriendo en Estados Unidos. Acumulaba intentos en Daytona como otros acumulan deudas: dieciséis participaciones desde su debut con un 512S en 1970, ninguna victoria.

A Moretti se le había acabado la categoría. Sus coches GTP ya no servían para nada. Y antes de colgar el casco, quería una cosa muy concreta: ganar Daytona. Pero ganar Daytona en un Ferrari.

En marzo de 1993 montó una reunión en Modena con Piero Ferrari, hijo de Enzo y entonces a cargo de proyectos especiales, y representantes de IMSA y del ACO. Le explicó la situación. Le explicó la categoría nueva. Le explicó que había hueco para Ferrari y que sería barato comparado con la F1 porque no haría falta un programa oficial.

Montezemolo puso una condición innegociable: el coche se desarrollaría con ayuda de Ferrari, pero no correría bajo bandera oficial. Solo equipos privados.

Era 1993 y Ferrari no quería distraerse de la F1. El proyecto se bautizó Il sogno Americano — el sueño americano — y se subcontrató.

Por qué Dallara y por qué Michelotto

Aquí está la parte que a la gente le cuesta tragar.

Dallara no era el plan B. Era el plan correcto. Tenían experiencia construyendo el LC2 del Grupo C para Lancia, que casualmente montaba un motor derivado de Ferrari. Sabían de prototipos. Sabían de aerodinámica. Sabían de monocascos de carbono cuando Maranello todavía estaba aprendiendo a hacerlos bien para la F1.

Michelotto era el otro pilar. Un taller en Padua que llevaba años convirtiendo Ferraris de calle en coches de competición para clientes privados. La 308 GTB Grupo B. La F40 LM. Sabían cómo hacer que un Ferrari aguantara veinticuatro horas seguidas sin reventar.

Ferrari aportó dos cosas: el monocasco de carbono diseñado en casa y, sobre todo, el motor.

El motor que cambió todo

Aquí es donde el 333 SP deja de ser un sport prototipo cliente y se convierte en un misil.

El reglamento WSC obligaba a usar motores de cuatro litros máximo y de base de producción. Esa era la coartada para mantener los costes bajos: si tienes que partir de un bloque que ya esté en venta a un cliente, no te puedes permitir el lujo de un motor exclusivo de competición. Ferrari encontró el resquicio. El V12 de 65 grados derivado del Tipo 036 que había usado el 641 de Fórmula 1 en 1990 — el coche que Alain Prost llevó hasta la última carrera del campeonato peleando con Ayrton Senna — se reformó para «derivar de producción» porque esa misma arquitectura terminaría en el Ferrari F50 de calle. La homologación se sostenía por los pelos, pero se sostenía. Maranello estiró el bloque de F1 desde 3,5 hasta 4,0 litros y lo bautizó F310E.

Es decir: mientras los Spice y los Kudzu llegaban a la parrilla con bloques de calle americanos masajeados hasta el límite, Ferrari aterrizaba con un V12 de F1 reciente con un papel de homologación que decía «esto va a un coche de calle, lo prometo».

641 CV a 11.000 rpm. Cuarenta o setenta caballos menos que el motor original de F1, pero con una fiabilidad que Tony Southgate — el ingeniero británico que se incorporó al proyecto en 1994 — describiría más tarde como «uno de los motores de carreras más fiables con los que he trabajado».

Para que entiendas el contexto: el 333 SP llegó con un motor de F1 reciente metido en un chasis Dallara con masa por debajo de los novecientos kilos. En la misma parrilla donde un Spice peleaba con un Chevy V8 de calle empujado al límite del reglamento.

Y se vendió a particulares por novecientos mil dólares la unidad. Por ese precio el cliente se llevaba además dos motores de repuesto y soporte técnico de ingenieros de Ferrari.

Para situarte: un Porsche 962 al final de su vida útil, segunda mano y machacado, costaba parecido. Un Toyota GT-One nuevo no se vendía a particulares ni en sueños. El 333 SP era el último gran prototipo cliente de la era moderna.

Road Atlanta, 17 de abril de 1994

Mauro Baldi probó el coche a finales del 93. Lo enviaron a Estados Unidos para presentarlo en Daytona, pero Ferrari decidió no correr ni Daytona ni Sebring ese año por dudas de fiabilidad.

El debut fue en Road Atlanta. Cuatro coches en pista repartidos entre tres equipos: Euromotorsport con dos unidades, Momo Corse con una, Team Scandia con otra. Tres de los cuatro chasis venían directamente de Maranello — eran de los primeros cuatro que construyó la fábrica antes de pasarle el testigo a Dallara — y el cuarto ya era un Dallara puro.

El resultado fue un puñetazo en la mesa. Jay Cochran ganó la carrera con uno de los Euromotorsport. Moretti y Eliseo Salazar acabaron segundos con el MOMO. Las siguientes tres carreras también fueron para el 333 SP. Cinco victorias seguidas en su debut.

No ganaron el campeonato porque se habían perdido las dos primeras citas. Oldsmobile se llevó el título de constructores y Andy Evans terminó como mejor Ferrari, quinto en la general.

Daba igual. El mensaje estaba lanzado.

Sebring 1995: el regreso oficial

12 Horas de Sebring de 1995. Lluvia infame. La carrera se interrumpió una hora cuando cayó la noche. El Spice de Derek Bell, Andy Wallace, Jan Lammers y Morris Shirazi peleó toda la carrera contra el 333 SP de Andy Evans, Fermín Vélez y Eric van de Poele.

Ganó Vélez. El catalán, con Evans y van de Poele de copilotos, llevó al 333 SP a la primera victoria de Ferrari en Sebring desde 1972. La primera victoria absoluta de un producto Ferrari en una carrera mayor desde aquel mismo año.

El campeonato cayó del lado correcto. Vélez ganó el título de pilotos. Ferrari el de constructores. Cuatro coches en pista, resultados consistentes, fiabilidad de hierro fundido.

Para entender lo que significaba esto: en el 95, Ferrari estaba en F1 todavía mendigando victorias con Berger y Alesi. Schumacher no llegaría hasta el 96. Y mientras Maranello sufría en los grandes premios, los privados americanos llevaban tres décadas de espera ganadas a base de un coche que técnicamente no era oficial.

Esa contradicción es el alma del 333 SP.

Daytona 1998: la deuda saldada

Han pasado tres años. Michelotto ha relevado a Dallara en la construcción. El coche ha recibido actualizaciones menores. Ferrari simula la distancia completa de Daytona en pruebas en Fiorano antes del 98.

Moretti tiene cincuenta y siete años. Cinco décadas largas peleando por una victoria en la 24 Horas. Doran-Moretti llega a Daytona con la livery roja y amarilla de MOMO sobre uno de los últimos chasis Michelotto. Mauro Baldi, Arie Luyendyk, Didier Theys y el propio Moretti como pilotos. Califican segundos.

Baldi recuerda: «No me acuerdo de cada parte concreta de Daytona 98, pero Moretti tuvo un pequeño accidente con otro coche y tuvo que parar. Fue muy temprano, eso sí, y tuvimos tiempo de recuperarnos. Desde la mitad de la carrera hasta el final, todo funcionó perfectamente.»

Ganaron por ocho vueltas sobre el Porsche 911 GT1 Evo de Rohr Motorsport con McNish, Sullivan, los hermanos Müller y Alzen.

Velocidad media: 169,626 km/h. Más de 4.000 km recorridos.

Primera victoria de Ferrari en Daytona desde 1967. Treinta y un años de espera. Para Moretti, dieciséis intentos. El italiano cumplió su promesa. Esa misma temporada el coche ganó también las 12 Horas de Sebring con Baldi y Theys, y terminó tercero de clase en Le Mans. Una temporada irrepetible.

La última carrera de un coche cliente

A partir de 1999 el 333 SP empezó a perder terreno en Estados Unidos. La nueva American Le Mans Series trajo programas oficiales de Audi y BMW con presupuestos imposibles para los privados. En 2000 Doran Racing llegó al extremo de meter un motor Judd al 333 SP intentando seguir siendo competitivo.

En Europa el coche encontró su segunda vida. Marco Zadra ganó el campeonato FIA Sportscar en 2001, el último éxito reseñable. La última aparición en competición real fue en las 500 km de Monza en 2003, casi una década después del debut.

144 carreras de campeonato. 56 victorias. 69 pole positions. Nueve participaciones en Le Mans entre 1995 y 1998 con dos terceros de clase y una victoria de clase.

Derek Bell, que pilotó prototipos Ferrari de varias generaciones, lo describió como «un Fórmula 1 de cuerpo ancho. Totalmente completo, impecable, equilibrado».

Lo que el 333 SP significa

Aquí está la parte rara.

El 333 SP es el último Ferrari de competición de la era moderna que se vendió a clientes privados como producto principal. Después de él, Maranello volvió al GT con la 550 Maranello Prodrive, luego con la 458 GTE, luego con la 488. Y veinte años más tarde, en 2023, Ferrari volvió por fin a los sport prototipos de fábrica con el 499P y ganó Le Mans tres años seguidos.

Pero la línea continua entre el 312 PB de 1972 y el 499P de 2023 no la marcaron los oficiales. La marcó un coche que Maranello ni siquiera quería construir, que se hizo en Varano y Padua, que pilotaron equipos privados con dinero de patrocinadores americanos, y que mantuvo viva la idea de «Ferrari en sport» durante una década entera mientras la fábrica miraba para otro lado.

Llámalo como quieras. Llámalo coche cliente, llámalo subcontrata, llámalo accidente histórico. El 333 SP es la prueba de que a veces los coches más importantes de una marca son los que la marca no quería hacer.

Y es, sin discusión, uno de los sport prototipos más bonitos jamás construidos. Capó largo. Cabina abierta. Pontones laterales tensos. Aleta dorsal vertical recortada contra el sol de Florida. Doce cilindros aullando hasta las 11.000 rpm con timbre de F1 noventero. Eso ya no se fabrica. No volverá.

El 333 SP es el último canto de una era. Antes de los híbridos. Antes de los reglamentos LMDh con motores estándar. Antes de que la «categoría cliente» significase un Oreca con badge de fábrica. Cuando un V12 atmosférico podía entrar en un sport prototipo y hacer que el resto del paddock se quedara mirando.

Comprueba que sigues vivo.

Deja un comentario