Lamborghini Trattori: un vaporizador de petróleo, Cento 1948

Tractor Lamborghini Carioca oxidado con motor Morris expuesto en Techno Classica Essen

La frase que repite medio internet sobre el origen de Lamborghini nace de una mala traducción. Se cuenta que Ferruccio compró motores de gasolina de excedentes militares y les montó un invento para que arrancaran con gasolina y siguieran funcionando con gasóleo.

Las fuentes italianas no dicen gasóleo. Dicen petrolio, que en castellano es petróleo o queroseno, y en el campo italiano de entonces tenía nombre comercial propio: petrolio agricolo. Alguien tradujo petrolio por gasóleo y la cadena se repite desde entonces.

No es una pelea de diccionario. Son dos combustibles distintos, con dos problemas técnicos distintos, y el invento de Ferruccio resolvía uno muy concreto.

Lo que llevaba dentro el primer Carioca

El primer tractor de la casa se llamaba Carioca y se presentó en público el 3 de febrero de 1948, aunque el museo de la familia fecha los primeros ejemplares en 1947. Casi todo lo que llevaba dentro venía usado.

Los motores, los cambios y los diferenciales salían de ARAR, la sociedad del Estado italiano que liquidaba material militar sobrante después de la guerra. Ferruccio compraba lotes y montaba tractores con ellos. Los propulsores eran Morris británicos. Las fichas de la prensa agrícola italiana dan dos versiones para aquellos primeros tractores: un cuatro cilindros de 2.005 cc y 25 CV, y un seis cilindros que esas mismas fichas sitúan en 3.600 cc, mientras el museo familiar habla de 3.500 cc para el L33 de 1951. La cifra exacta depende de la fuente y del modelo concreto.

Ambos eran motores de gasolina. Y la gasolina en la Italia de 1948 estaba fuera del alcance de un agricultor que necesitaba el tractor ocho horas al día.

La pieza que añadía Ferruccio era un vaporizador que aprovechaba el calor de los gases de escape para vaporizar petróleo. Fabio Lamborghini, director del museo familiar, lo resume así: el tractor arrancaba aprovechando unas pocas gotas de gasolina y después funcionaba con petróleo.

Petróleo. Queroseno. No gasóleo.

Por qué el queroseno sí y el gasóleo no

La diferencia no es un detalle de traducción, es la diferencia entre dos motores distintos.

Un motor de gasolina enciende la mezcla con una bujía. Necesita un combustible que llegue vaporizado al cilindro y que resista la compresión sin detonar por su cuenta. Un motor diésel no tiene bujía: comprime el aire hasta que se calienta lo suficiente para que el gasóleo se inflame solo.

El gasóleo en un motor de bujías es un callejón sin salida práctico, no una imposibilidad física: hay trabajos de laboratorio que lo han conseguido con sistemas de atomización muy elaborados. Lo que no existía en 1948, con una oficina de liquidación de material militar como proveedor, era la manera de hacerlo funcionar en el campo. El queroseno sí tenía solución, y era una solución conocida.

El queroseno entra en un motor de gasolina con dos condiciones. Hay que calentarlo, porque su volatilidad es muy inferior a la de la gasolina y en frío no forma una mezcla con la que arrancar y rodar. Y hay que bajar la compresión, porque su resistencia a la detonación es muy pobre: a los querosenos sin aditivar se les atribuyen valores de octano de un dígito o poco más, frente a los 98 de una gasolina moderna. El queroseno no es un producto único, sino una familia de mezclas de hidrocarburos, así que la cifra concreta depende de la composición y del método de medida.

La solución más documentada es la británica: mezclar queroseno con hidrocarburos aromáticos hasta subirlo a 55-70 octanos. Aquel combustible tuvo nombre propio, tractor vaporising oil, y detrás tenía una lógica fiscal del Reino Unido de posguerra, donde la parafina se vendía sin impuestos por ser combustible doméstico de calefacción. Se usó allí y en Australia hasta que el diésel se lo comió, y los proveedores británicos lo retiraron en 1974.

Italia tenía otro sistema de impuestos, pero la misma categoría en el mostrador: las crónicas italianas describen el motor del Carioca convertido para funcionar con petrolio agricolo, petróleo agrícola, que era lo que compraba un agricultor emiliano en 1948.

El mecanismo era siempre el mismo. Se modificaban los colectores para que el de escape calentara el de admisión, se añadía un depósito pequeño de gasolina para el arranque y, cuando el motor estaba caliente, se cambiaba de grifo. El Fordson N llevaba el selector marcado con una K de kerosene. El Ferguson TE20 se vendía en versión petrolera con la compresión rebajada a 4,5:1 frente a los 5,77:1 de la versión de gasolina, y con el diámetro de cilindro ampliado de 80 a 85 milímetros para recuperar parte de lo perdido.

Ahí está el mérito real de Ferruccio, y no es el que le cuelgan. No inventó la idea de quemar petróleo en un motor de bujías: eso ya estaba inventado. Lo que hizo fue aplicarlo a motores de camión militar que nadie había diseñado para eso, con las piezas que le vendía una oficina liquidadora del Estado, y venderlo funcionando.

70 CV con gasolina, 40 con petróleo

El invento tenía un precio y la revista Macchine Agricole lo da sin adornos: aquel seis cilindros Morris entregaba 70 CV con gasolina y bajaba a unos 40 CV alimentado con petróleo. Fabio Lamborghini, en la ficha del museo, apunta todavía más abajo: 35 CV para el Carioca de seis cilindros.

Tractor Lamborghinetta de 1957 restaurado en el Salón de Ginebra

Casi la mitad de la potencia, tirada por el tubo de escape. El agricultor firmaba esa pérdida sin discutirla, porque la potencia se paga una vez al comprar el tractor y el combustible se paga todos los días.

Y 35 o 40 CV en el campo italiano de 1948 eran una máquina seria. Para calibrarlo sirve la propia gama posterior de la casa: el DL 15 de 1952 tenía 15 CV, el DL 25 de 1953 tenía 25, y la Lamborghinetta de 1957 se fabricó en unas 800 unidades entre ese año y 1962 con un bicilíndrico de 22 CV y mil kilos de peso. El Carioca de excedentes militares superaba a casi todo lo que la casa vendió durante los años cincuenta con motor propio.

Cento tenía nueve fábricas de tractores

Hay un dato que descoloca la leyenda del visionario solitario: en Cento llegaron a coexistir nueve fabricantes de tractores. La prensa agrícola italiana lo describe como un récord mundial para una sola ciudad.

Ferruccio no fue el único que vio el hueco. Fue el que salió de Cento.

El Carioca se vendía en 1949 por 620.000 liras, y un año después la producción rondaba las 200 unidades anuales con treinta operarios en plantilla. Nada de eso parece el cimiento de una marca de superdeportivos, y sin embargo lo fue.

El día que dejó de comprar motores de segunda mano

El salto llegó cuando Ferruccio decidió que el cuello de botella era depender de lo que ARAR tuviera en el almacén.

Tractor Lamborghini 2R de 1965 refrigerado por aire en una subasta de clásicos

El salto a los diésel alemanes MWM llegó en 1952, y con él la licencia para fabricarlos en Italia en lugar de importarlos. Desde 1954 salían propulsores construidos en casa. Con eso desaparecieron el vaporizador y el queroseno: el diésel hacía el mismo trabajo sin trucos, y lo hacía mejor.

La otra decisión técnica de la casa fue la refrigeración por aire, que entró con la Lamborghinetta en 1957 y se quedó. El 1R de 1961 era un monocilíndrico de 26 CV refrigerado por aire, el 2R daba 24 CV, y el 2R DT de 1962 añadió la doble tracción.

En un tractor la ventaja de prescindir del circuito de agua es clara: no hay panal que se tapone de polvo y paja, no hay agua que se congele en enero ni que se pierda en un camino, y no hay bomba ni manguitos que fallen. Las aletas y los conductos de aire hay que limpiarlos igual, y la prensa agrícola italiana añade un argumento más de aquella época: la fiabilidad de arranque en frío.

Sant’Agata haría exactamente lo contrario con los coches. Doce cilindros refrigerados por agua desde el primer día.

El Lamborghini clásico más raro no es un coche

El 3402 C salió de la fábrica de Cento entre 1960 y 1961, y era un tractor de cadenas con motor DLA 40: tres cilindros, refrigeración por aire, 2.193 cc, 92 milímetros de diámetro y 40 CV a 2.200 revoluciones. Pesaba 2.300 kilos en orden de marcha, medía 2.480 milímetros de largo y 1.100 de alto, y las cadenas tenían 260 milímetros de ancho.

Tractor de cadenas Lamborghini DL 30 C de los años cincuenta en una feria de clásicos

Se construyeron unas 45 unidades del 3402 C, más unas 73 de la variante CTL de vía ancha.

Cuarenta y cinco unidades. De los coches de serie de la etapa clásica solo baja de ahí el 400 GT biplaza, una versión de transición de 23 ejemplares. El Silhouette se quedó en 54, el Islero S en 100 y el Miura, que pasa por coche inalcanzable, se fabricó 764 veces.

En la Lamborghini moderna sí hay series más cortas: el Fenomeno presentado en 2025 se fabrica en 29 unidades y se vendieron todas antes de presentarlo. Pero ese coche está concebido desde el primer boceto para ser raro y para costar lo que cuesta un piso. El 3402 C se quedó en 45 unidades porque los clientes prefirieron la versión de vía ancha.

La cuenta que la marca no pone en su web

A principios de los sesenta la fábrica de tractores tenía alrededor de 400 empleados y salían de ella entre 25 y 30 máquinas al día. Para 1973, el archivo histórico del grupo que la compró cifra la producción en 5.000 tractores al año.

Ahora la otra columna, modelo por modelo y con la producción completa de cada uno: 120 unidades del 350 GT, 270 entre el 400 GT y el 400 GT 2+2, 764 Miura, 225 Islero, 327 Jarama, 791 Urraco y 54 Silhouette. El más vendido de todos ellos fue el Espada, con 1.217 coches en diez años de fabricación.

Ahí está la proporción. La fábrica de tractores despachaba en un año cuatro veces el Espada entero, y el Espada es el Lamborghini más vendido de toda la primera época de la marca. Más de seis veces el Miura. Más de cuarenta veces el 350 GT.

Esa es la proporción real entre las dos mitades del apellido, y es la que nunca aparece en la sección de historia de la marca de coches. Allí los tractores son una anécdota de dos líneas antes de llegar a lo bueno.

Los 5.000 tractores de Bolivia

El final llegó por una vía que no tiene nada que ver con la ingeniería.

El Estado boliviano aprobó un pedido enorme, de 5.000 tractores. El golpe militar de 1971 anuló la operación y, según el propio museo de la familia, los 5.000 tractores se quedaron parados en el patio de la fábrica, terminados y sin comprador. En paralelo se cayeron pedidos desde Sudáfrica.

Una empresa que produce 5.000 unidades al año con 400 personas en nómina no absorbe de un día para otro un agujero del tamaño de un año completo de producción.

Ferruccio vendió el 51% de la fábrica de coches en 1972 al suizo Georges-Henri Rossetti por 600.000 dólares. Vendió los tractores a SAME en 1973. Y soltó el 49% restante de los coches a René Leimer antes de acabar 1974.

Perdió las dos empresas en treinta meses. Entre el golpe boliviano y la firma con SAME pasaron casi dos años, así que la operación no fue el derrumbe inmediato que suele contarse: fue una salida ordenada de alguien que ya no quería seguir.

Quién se quedó los tractores

Aquí hay otra capa que en las historias de Lamborghini nunca se abre: quién era el comprador.

SAME, de Treviglio, la fundaron en 1942 Francesco y Eugenio Cassani con el nombre de Società Accomandita Motori Endotermici. Los dos hermanos ya habían presentado en 1927 un tractor agrícola con motor diésel, que ganó el concurso italiano de tractores agrícolas a principios de los años treinta. Habían montado un diésel en la motora Este I, que se llevó la copa Duca di Genova en la regata Venecia-Trieste, décadas antes de que los V12 de Sant’Agata acabaran en los motores marinos Lamborghini de competición offshore. Y en 1937 la Regia Aeronautica les encargó tres motores de aviación de ocho cilindros en barrilete, que la entrada de Italia en la guerra dejó sin instalar.

Cuando Ferruccio montaba su primer Carioca con chatarra de guerra en 1948, los Cassani llevaban veintiún años con un tractor diésel funcionando.

El comprador de 1973 no era un rival oportunista. Era la casa que había llegado antes a todo.

La marca que no volvió a cambiar de manos

Los dos destinos dicen qué mitad del apellido se gestionó bien.

Tractor Lamborghini Mach 250 VRT del grupo SDF en la feria Agritechnica 2019

La marca de coches pasó por Rossetti, por Leimer, por una quiebra y una administración judicial, por los hermanos Mimran, por Chrysler, por Megatech con dinero indonesio y finalmente por Audi. Seis dueños distintos entre 1972 y 1998.

La marca de tractores tiene el mismo dueño desde 1973. Hoy Lamborghini Trattori es una de las seis marcas del grupo SDF, junto a SAME, Deutz-Fahr, Hürlimann, Grégoire y VitiBot, con nueve plantas repartidas entre Italia, Alemania, Croacia, India, Francia, Turquía y China. El grupo declaró 1.803 millones de euros de facturación y 4.462 empleados en 2022.

Y sigue vendiendo tractores con el toro delante. El catálogo europeo actual arranca en el Sprint de 50-60 CV, pasa por el Crono, el Spire y el Strike, y llega arriba con el Spark R de 115-135 CV. Durante años el techo lo puso el Mach VRT, presentado en versiones de 210, 230 y 250 CV. Incluso queda un tractor de cadenas, el Strike C de 115 CV, heredero del DL 25 C con el que la casa entró en las orugas a mediados de los cincuenta.

Setenta y ocho años después del Carioca, se puede comprar un Lamborghini nuevo de 50 CV.

Los Lamborghini que se homologaron en España

En España el toro llegó al campo por la puerta de SAME. Las homologaciones del Ministerio de Agricultura publicadas en el BOE las pedía Same Ibérica, la filial española del grupo, y la resolución de septiembre de 1987 recoge varios modelos con la marca Lamborghini: el 874-90 en versión de dos ruedas motrices, el 874-90 DT y el 874-90 V DT con doble tracción, y el 774-80 DT. Las estructuras de protección se habían ensayado en Milán y las verificaba la Estación de Mecánica Agrícola española.

Es la mitad del apellido que un agricultor de Albacete o de Lleida podía tener en la nave, catorce años después de que Ferruccio vendiera. El tractor de casa en el campo español era otro, el Ebro de Motor Ibérica, hecho en Barcelona, y un Lamborghini en una finca de aquí tenía algo de capricho importado. Pero era un Lamborghini nuevo, con garantía y concesionario, cuando los coches de Sant’Agata pasaban de un dueño en apuros a otro.

Los nombres lo cuentan todo

En cada mitad de la casa las cosas se bautizan de una manera.

Los coches llevaron nombres de toros bravos españoles desde 1966: Miura, Islero, Espada, Jarama, Urraco, Jalpa. Ganaderías, castas y términos de la lidia, elegidos uno a uno.

Los tractores no llevaron nombre. Llevaron códigos: DL 15, DL 25, 1R, 2R, 3402 C, R 226, R 340. La única excepción fue la Lamborghinetta, que es un diminutivo, y el Carioca inicial.

Hoy los tractores llevan nombres en inglés: Spire, Spark, Strike, Crono, Mach. La mitad que trabaja en el campo acabó bautizada en la lengua del marketing internacional.

La otra mitad sigue en la plaza. El Revuelto de 2023 y el Fenomeno presentado en 2025 llevan nombres de toros, y el segundo lo tomó de un toro lidiado e indultado en Morelia, México, en 2002. Sesenta años después del Miura, los coches siguen tirando del mismo diccionario y los tractores lo abandonaron por completo.

Dónde está el primer Carioca

El tractor con el que empezó todo se conserva en el Museo Ferruccio Lamborghini, en Funo di Argelato, provincia de Bolonia, instalado en una antigua fábrica de la familia.

Edificio del Museo Ferruccio Lamborghini en Funo di Argelato, Bolonia

El museo lo abrió Tonino Lamborghini en 1995 cerca de Ferrara y se trasladó el 27 de mayo de 2014 desde Dosso di Sant’Agostino a su emplazamiento actual, pasando de 1.200 a 5.000 metros cuadrados. Junto al Carioca hay un Miura SV, un Countach, Jarama, Urraco y Espada, y la barchetta sobre base Fiat con la que Ferruccio corrió la Mille Miglia de 1948.

Es el único sitio donde las dos mitades del apellido están aparcadas en la misma sala.

Lo que Sant’Agata borró de su propia historia

La marca de coches vende los tractores como prólogo simpático. «Empezó fabricando tractores», y a otra cosa. Nunca una cifra, nunca un modelo, nunca una explicación técnica.

Ferruccio Lamborghini en los años setenta entre un tractor y un coche de su marca

Y se entiende, porque las cifras dejan al descubierto algo que en Sant’Agata no interesa: la fábrica de tractores era la grande de la casa. Despachaba en un año cuatro veces la producción total del modelo más vendido de la marca de coches. Tenía motores propios fabricados bajo licencia desde 1954, cuando la fábrica de coches todavía no existía. Y es la única de las dos que no ha cambiado de propietario desde que Ferruccio se fue.

No tengo las cuentas de las dos empresas, así que no voy a decirte cuál ganaba más dinero. Lo que dicen los números que sí existen es que la de tractores movía otro volumen y aguantó medio siglo con el mismo dueño, mientras la de coches pasó por seis dueños en veintiséis años.

Hay algo más, y es lo que más molesta. De todo lo que se le atribuye a Ferruccio Lamborghini como ingeniero, casi nada salió de su cabeza. El V12 lo diseñó Giotto Bizzarrini y lo dejaron utilizable Gian Paolo Dallara y Paolo Stanzani. El Miura lo sacaron adelante tres jóvenes por su cuenta. Las carrocerías las dibujaron Touring, Bertone y Gandini. Ferruccio contrataba bien y decidía rápido, que ya es un talento, pero la pieza que diseñó él, con sus manos, para resolver un problema que nadie le había resuelto, es un vaporizador de petróleo montado en un motor de camión inglés de desguace.

Todo lo demás lo pagó ese cacharro.

Comprueba que sigues vivo.

Fotos: Thomas Vogt (CC BY 2.0), Alexander Migl (CC BY-SA 4.0), David Merrett (CC BY 2.0), MarcelX42 (CC BY-SA 4.0), TKOIII (CC BY-SA 4.0), autor desconocido (dominio público).

Deja un comentario