Automobili Estrema Fulminea — 2.040 CV nacidos en un grupo de WhatsApp durante una pandemia

Hay una forma segura de saber si alguien tiene lo que hay que tener. No es mirar cuántas veces ha ganado. Es mirar cuántas veces se ha levantado después de perderlo todo.
Gianfranco Pizzuto puso 2 millones de dólares en Fisker Automotive, vio arder 338 Karmas en un puerto y más de mil millones evaporarse. La historia completa ya la contamos. Si no la leíste, busca «Fisker Karma» en esta web. Si la leíste, ya sabes lo que viene: cuando todo se derrumbó, hizo lo que cualquier persona cuerda habría hecho.
Volvió a empezar.
Pero no lo hizo como esperarías. No llamó a inversores. No alquiló oficinas. No contrató abogados. Lo hizo desde un grupo de WhatsApp durante una pandemia mundial. Y de ese grupo nació un hypercar eléctrico de 2.040 CV que quiere batir el récord de Nürburgring.
Esta es la historia de Automobili Estrema y de la Fulminea. Y si no te pone los pelos de punta, comprueba que sigues teniendo pulso.
El hombre que no sabe rendirse
Franco — así le llaman quienes le conocen, y así le llamamos nosotros, porque nos abrió las puertas de esta historia sin condiciones — nació en 1961, cerca de Venecia, y creció en Merano, en la provincia de Bolzano, en el Tirol del Sur italiano. Empezó su carrera empresarial en 1983. En 1989 cofundó FAE Group junto a tres socios, una empresa especializada en maquinaria agrícola, forestal y de construcción pesada que hoy es líder mundial en su segmento.
Pero la pasión de Franco siempre fueron los coches. En 2007, tras dejar FAE por tensiones internas que lo estaban llevando al burnout, conoció a Henrik Fisker y puso 2 millones de dólares como primer inversor de Fisker Automotive. Montó Fisker Italia como primer distribuidor europeo. Tuvo en su showroom el primer show car jamás construido del Karma, pintado en el legendario color «Laguna.» Hoy conserva dos Karmas: la Laguna original y la Signature Edition número 61.
Después vinieron los premios, las portadas, los inversores famosos, un préstamo de 529 millones del Departamento de Energía de Estados Unidos, un inversor fantasma que prometió cien millones y dejó la cuenta a cero, una propuesta rechazada a Sergio Marchionne para crear FFCA — Fiat Fisker Chrysler Automobiles, el huracán Sandy y la quiebra. Todo eso ya lo hemos contado.
Tras la caída de Fisker, Franco trabajó como consultor en la industria del automóvil. Importó a Europa el Fiat 500 eléctrico modelo California y desarrolló una batería de alto voltaje completamente nueva para mejorar su autonomía y capacidad de carga. Intentó montar un equipo de Fórmula E. Aprendió a nadar con tiburones. Nunca paró de moverse.
Y entonces llegó 2020. La pandemia. El mundo se detuvo. Y Franco sintió depresión por primera vez en su vida. «Jamás en mi vida había conocido una sensación de impotencia y opresión así. Durante muchas semanas no se podía salir, viajar, hacer la actividad normal de un empresario. Acostumbrado desde siempre a moverme a nivel internacional, esa fuerte sensación de frustración me deprimió.»

El grupo de WhatsApp que cambió todo
La reacción de Franco ante la depresión no fue pararse. Fue soñar. Abrió un grupo de WhatsApp, lo llamó «Progetto Hypercar» y empezó a añadir amigos. La primera persona que contactó fue el ingeniero Roberto Olivo, un veterano de la industria automovilística. Sabía que él también estaba confinado en casa y que la idea de diseñar — casi como un juego — un coche superdeportivo le iba a gustar.
A finales del verano de 2020 llegó el momento de la verdad: podían terminar de jugar y cerrar el proyecto, o fundar una empresa y hacerlo de verdad. Franco llamó de nuevo a Roberto. Estaba de vacaciones en Sicilia. Haciendo snorkel. No pudo responder. Le devolvió la llamada un rato después. Franco le preguntó si estaba dispuesto a echarle una mano en caso de fundar una empresa para construir la Fulminea. Roberto dijo que sí.
En octubre de 2020, fundaron Automobili Estrema.
«Ser creativos buscando la belleza junto a un grupo de amigos puede verse como un proceso terapéutico contra la depresión,» dice Franco. Y luego lo resume en tres palabras que pesan como una tonelada: «La grande bellezza mi ha curato.» La gran belleza me curó.
La empresa se fundó entre Módena y Turín. En el corazón del Motor Valley italiano. Con un lema grabado a fuego: «Per Aspera Sic Itur Ad Astra.» A través de las dificultades se llega a las estrellas.
Y con una filosofía basada en cuatro pilares: Romanticismo, Elegancia, Pureza y Equilibrio. Romanticismo como la emoción de crear algo que no existía — el mismo impulso que llevó a Ferruccio Lamborghini a fundar una marca de coches porque Enzo Ferrari le dijo que un fabricante de tractores no entendía de embragues. Elegancia como la gracia del estilo italiano clásico y atemporal. Pureza como la eliminación de lo superfluo hasta llegar al diseño esencial — cada línea justifica su existencia o desaparece. Equilibrio como la capacidad de combinar potencia bruta con refinamiento sin que ninguno de los dos domine al otro.
Si suena a manifiesto de un loco, es porque lo es. Pero los locos que construyen coches en Italia tienen un historial que quita el sueño.

Fulminea: el rayo
Del sueño surgió la Fulminea. El nombre lo dice todo: rayo en italiano. Rápida, potente y eléctrica.
Los números son una bofetada. Cuatro motores eléctricos con tracción integral y vectorización de par. Potencia total: 1,5 megavatios. Traducido al lenguaje que entiendes: 2.040 CV. De 0 a 100 km/h en aproximadamente 2,0 segundos. Pero esa cifra ni siquiera es la que importa aquí. De 0 a 320 km/h en menos de 10 segundos. No de 0 a 100, de 0 a 320. Velocidad máxima estimada en torno a 415 km/h, aunque la marca ha hablado de limitarla a unos 350 km/h.
Cuando le preguntas a Franco qué hace diferente a la Fulminea de una Rimac Nevera o una Pininfarina Battista, no duda: «Esas hypercar que mencionas ya están un poco datadas y utilizan celdas convencionales, con baterías muy pesadas. Queremos dar a la Fulminea un alma que regale a sus futuros propietarios emociones similares a las de un hypercar con motor de combustión. Apostamos fuerte por el control del peso usando todas las soluciones tecnológicas disponibles hoy.»
Y aquí está la clave técnica del proyecto.
La Fulminea será el primer coche de calle del mundo en combinar baterías de estado sólido con ultracapacitores en un mismo pack. Que quede claro: otros coches han usado supercondensadores — el Lamborghini Sián los combinaba con baterías de iones de litio convencionales. Pero estado sólido más ultracapacitores es otra cosa. Nadie lo ha hecho antes en un coche de producción.
Aquí viene un dato importante que NEC puede confirmar de primera mano: Estrema ha roto su colaboración con ABEE, que era el proveedor original de celdas de estado sólido. Trabajan ahora en paralelo con tres empresas alternativas para ver cuál cumple sus promesas y puede suministrar las celdas para completar el prototipo. La colaboración con IMECAR Elektronik para la construcción del pack de baterías sigue activa. Tres proveedores en paralelo. La lección de A123 — el proveedor único que mató al Karma — está bien aprendida.
El pack de 100 kWh con ultracapacitores en el eje delantero para maximizar la frenada regenerativa sigue siendo el corazón del proyecto. Autonomía WLTP prevista: 520 km. Pero el peso objetivo ha cambiado. Las simulaciones actuales sitúan la masa total de la Fulminea en 1.800 kg. No son los 1.500 originales, pero siguen siendo 350 kilos menos que una Rimac Nevera. El mayor ahorro de peso vendrá de las celdas de estado sólido y de materiales de derivación aeroespacial producidos con impresoras 3D especiales, en colaboración con una empresa nacida de un spin-off de Airbus.
El chasis y la carrocería son de fibra de carbono de última generación. El diseño es pura Italia. Alas delanteras y traseras que se extienden por el perfil lateral creando una silueta de rayo. Un alerón trasero ajustable. Aleta de tiburón. Difusor masivo. Puertas de mariposa. Dos pilotos traseros verticales con ranuras LED. Ruedas OZ Racing. Neumáticos Bridgestone — con quienes realizarán pruebas en su circuito de Aprilia, al sur de Roma, una vez terminado el prototipo.
En el interior, todo está orientado al conductor. Fibra de carbono vista en cada superficie. Asientos envolventes de competición. Instrumentación digital sin distracciones. Es un coche de dos plazas que no pide disculpas por existir solo para conducir.
Y la aerodinámica no es solo funcional, es arte. Tomas de aire bajo el capó que generan carga en el eje delantero, una toma detrás del alerón trasero, y conductos laterales masivos que canalizan el aire caliente durante la frenada. Todo trabaja junto. Nada es decoración.
Solo se fabricarán 61 unidades. ¿Por qué 61? «Es mi número de la suerte. Nací en el 61. 1961.» El mismo número que la Signature Edition de su Karma.
El color de lanzamiento será el Azzurro Savoia, elegido para honrar a la selección italiana y al color de la Casa Real de Saboya, los reyes de Italia cuando el país era una monarquía. Pero los clientes podrán pedir la Fulminea en el color que quieran.
Precio de salida: aproximadamente 2,3 millones de euros. Pero Franco es claro: «En realidad, el precio de venta será más alto porque quien compra este tipo de coche quiere personalizarlo, lo que puede elevar el precio más allá de los 3 millones.» Para recuperar la inversión, necesitan producir al menos 10 unidades. Llegar a las 61 será muy difícil. Y Franco lo sabe.
La Fulminea no se fabricará en una gran planta. Se producirá por una empresa italiana especializada en producciones one-off, solo bajo pedido. Sin grandes capitales. Sin fábricas de miles de trabajadores. La antítesis de Fisker. La lección aprendida.

Grugliasco: el sueño que no pudo ser
En noviembre de 2023, Franco se enteró de que Stellantis había puesto en venta la antigua fábrica Maserati de Grugliasco, en la ciudad metropolitana de Turín. 210.000 metros cuadrados. Precio: 25 millones de euros. El anuncio apareció en Immobiliare.it, como si fuera un piso en alquiler.
Pero esa no era una fábrica cualquiera. Fue construida en 1959 por la Carrozzería Bertone. Allí trabajaron Giorgetto Giugiaro y Marcello Gandini. Gandini, con apenas 25 años y recién nombrado jefe de diseño de Bertone tras la marcha de Giugiaro a Ghia, diseñó allí la Lamborghini Miura en solo cuatro meses. Desde 2013, Maserati ensambló allí la Quattroporte y la Ghibli. Llegaron a trabajar 1.700 personas.
Franco no dudó. Su plan era transformarla en el Estrema Technology Hub: un ecosistema abierto con múltiples empresas, una academia de formación, y la línea de producción de la Fulminea. Visitó la fábrica múltiples veces. Llevó delegaciones de inversores de Austria. Obtuvo cartas de intención de sus partners. Se reunió con el alcalde de Grugliasco. Habló con la Región de Piamonte. Llegó hasta el gobierno central en Roma.
No funcionó.
«Hice todo lo posible para encontrar la financiación y poder relanzar la antigua fábrica Bertone de Grugliasco. Hablé con las instituciones a todos los niveles, desde el alcalde de Grugliasco hasta la Región Piamonte y el actual gobierno en Roma. Muchas promesas bonitas, pero ninguna ayuda concreta. Después de invertir más de un año de trabajo en la búsqueda de financiación, tuve que renunciar. Parece que a mi país no le interesa producir coches eléctricos. En cambio, se está esforzando mucho a favor de la industria bélica.»
Recibió muchos mensajes de los trabajadores de Maserati y de toda la red de empresas auxiliares que dependían de la fábrica de Grugliasco. Tenían esperanza en su proyecto. Franco no pudo cumplir esa promesa.
La última vez que pasó por Grugliasco fue hace pocos meses. Lo que cuenta duele: «Me vinieron ganas de llorar. Ya está todo deteriorado, estropeado hasta el punto de que no creo que merezca la pena intentar salvar lo que queda. Si pienso que en esa fábrica se diseñaron y produjeron algunos de los coches más bonitos de la historia del automóvil… cuánta tristeza.»
La fábrica donde Gandini dibujó la Miura se pudre. Nadie la quiso salvar. Franco lo intentó. No pudo.
La conexión italiana
Hay algo que conecta todo lo que hace Gianfranco Pizzuto: la obstinación de creer que Italia puede volver a liderar la industria del automóvil. No desde la nostalgia, sino desde la tecnología.
Automobili Estrema nació en Módena, en el Motor Valley. El escudo de la marca lleva un rayo tricolor italiano que perfora el escudo, sobre fondo azzurro con textura de fibra de carbono. Cada detalle es una declaración de intenciones.
Y los partners lo confirman: tres proveedores en competencia para las celdas de estado sólido, IMECAR para la integración del pack, McLaren Applied para sistemas de rendimiento, OZ Racing para las llantas, Bridgestone para los neumáticos, Epta Design y Bieffe Project para la ingeniería, y una empresa nacida de un spin-off de Airbus para los materiales aeroespaciales. Una red de excelencia europea con ADN italiano.
Franco lo define así: «Fulminea es la parte sexy del proyecto. Unimos esta parte sexy con la parte económica.»
Lo que viene
Franco no puede dar fechas exactas. Pero espera entregar la primera Fulminea antes de que termine 2027. Y pone un dato en perspectiva que dice mucho: «También al gran Horacio Pagani le llevó 7 años completar su primera Zonda.»
Estrema mantiene su intención de llevar la Fulminea al Nürburgring Nordschleife para intentar batir el récord de vuelta para coches eléctricos de producción. La decisión se tomará una vez terminado el prototipo, tras las pruebas en el circuito de Bridgestone en Aprilia.
Y cuando le preguntas qué le diría a quien piensa que Estrema es otro vaporware, otro hypercar de renders que nunca llegará a la carretera, la respuesta no es la que esperarías de un CEO defendiendo su producto: «En realidad me importa poco decirles algo. En mi vida ya he realizado muchísimo. Y aunque Fulminea no llegara a producción, para mí no cambiaría nada.»
Eso es lo que dice un hombre que ya no tiene nada que demostrar. Que construye porque construir es su forma de estar vivo. Que ha nadado con tiburones y ha decidido seguir nadando.
¿Y lo primero que hará si la Fulminea llega a producción y bate el récord en Nürburgring? Franco no duda: «Cojo a mi mujer y me voy directamente a nuestra luna de miel. Llevamos casados más de 30 años pero nunca hemos tenido tiempo de hacerla. Ha llegado la hora.»
Detrás de un hypercar de 2.040 CV hay un hombre que lleva tres décadas prometiéndole unas vacaciones a su mujer. La mujer que le salvó del burnout. La que le sostuvo cuando Fisker se derrumbó. La que creyó en él cuando volvió a empezar desde un grupo de WhatsApp.
Hay una frase que Franco lleva grabada. «Per Aspera Sic Itur Ad Astra.» A través de las dificultades se llega a las estrellas.
Le preguntamos por qué sigue creyendo en esa frase después de que la primera vez le llevara a la quiebra y no a las estrellas. Su respuesta: «Aunque la empresa quebró económicamente, no se puede decir que fuera un fracaso en sí. Conseguimos diseñar — partiendo de un folio en blanco — y producir uno de los coches más bonitos y revolucionarios de los últimos veinte años. Solo con el esfuerzo y a través de las dificultades se alcanza el éxito.»
El camino hasta las estrellas está lleno de baches. Pero el tipo que conduce ya ha pasado por varios. Y sigue acelerando.